Como artista peruana, entiendo la práctica artística como una forma de entrar en relación con formas de conocimiento interrumpidas por la colonización, pero nunca completamente borradas. Crecer en los Andes del norte del Perú ha configurado mi manera de comprender el mundo desde el principio de reciprocidad: una relación en la que el territorio no constituye un escenario pasivo, sino una presencia viva que contiene memoria, conocimiento, agencia y vínculos.
Mi migración de los Andes a Lima y, posteriormente, a Londres ha situado el desplazamiento en el centro de mi práctica como una experiencia simultáneamente íntima, histórica y colectiva. Me interesa explorar cómo las migraciones, atravesadas por historias coloniales e imperiales, producen formas de duelo asociadas a la pérdida del hogar, la lengua, los vínculos y la continuidad cultural. Sin embargo, mi trabajo no busca representar la pérdida ni fijarla como una condición de ausencia. Me interesa, en cambio, explorar el potencial del arte como espacio de transformación, reparación y renovación; como una práctica capaz de generar nuevas formas de relación y pertenencia.
Trabajo con instalación, performance, fotografía, video, poesía y textiles. Mi práctica surge de encuentros, desplazamientos y colisiones más que de conceptos predeterminados. Caminar, escuchar y permanecer atenta al espacio, al tiempo y a las particularidades de un lugar son fundamentales en mi proceso. Antes de intervenir, observo; antes de producir, escucho. Permito que el paisaje, la arquitectura y el territorio informen y condicionen la obra antes de comenzar a darle forma.
La escucha profunda —entendida tanto en su dimensión literal como metafórica— constituye una metodología y, al mismo tiempo, una posición ética. Escuchar implica reconocer que el conocimiento no siempre se presenta como algo que puede ser explicado, poseído o traducido, sino que también puede habitar los cuerpos, los materiales, los territorios, los silencios y las relaciones.
La performance, el ritual, el tejido, el cabello, la piedra, las semillas, la tierra, el agua y los objetos encontrados aparecen recurrentemente en mi trabajo. Estos elementos conforman una semiosis material y simbólica a través de la cual exploro las relaciones entre cuerpo, territorio, memoria e historia. Los textiles, y particularmente el tejido a mano, funcionan como gestos de cuidado y conexión, pero también como formas de transmisión: maneras de transportar memoria, tiempo y conocimiento entre cuerpos y geografías.
No busco representar los paisajes; entro en diálogo con ellos.
Camino antes de hacer.
Escucho antes de hablar.
A través de estos encuentros, concibo el arte como una práctica viva de reciprocidad: una forma de sostener y transformar la memoria cultural, responder al lugar y abrir posibilidades para imaginar otras formas de pertenencia más allá de las fronteras.
