Curiwarmi, mujer de oro en quechua, es la protagonista de ¿A dónde se fueron las criaturas del bosque?, una historia de ciencia ficción extrañamente cercana a la realidad. En este relato de migración climática, el espíritu de los bosques la salva de los incendios de la Amazonía de 2019 y pide al omnipresente río Amazonas que la conduzca hacia otra orilla fuera del peligro. Sus aguas la llevan a Alemania, Inglaterra y finalmente de regreso al Perú.
Portando una larga trenza, tejidos y un armazón de plumas, Curiwarmi recorre estos territorios con paciencia. Su lucha es meditativa y reparadora: canta para sanar espacios afectados por el extractivismo, utiliza tejidos para brindar calor y protección, y camina los territorios para reconocer que sus heridas son reales. Su viaje desafía nuestras propias nociones de territorio más allá de los límites del Estado-nación.
La historia se despliega a través de fotografías y videos que esbozan escenarios atravesados por el deseo neoliberal de explotar la naturaleza para beneficio propio. En Alemania emerge del lago Markkleeberger, una antigua mina de carbón a cielo abierto inundada en 1999 y posteriormente convertida en espacio turístico. En Inglaterra visita el White Horse de Westbury, una figura ecuestre de tiza que en 1957 fue cubierta con concreto en un intento por reducir los costos de mantenimiento necesarios para preservar su frágil silueta al aire libre.
En Pucallpa y Contumazá escucha relatos sobre la importancia del tejido y desarrolla sesiones de tejido colectivo cuyos resultados forman parte de esta exposición. El agua recolectada de diversos ríos del Perú aparece en la muestra como un recordatorio constante de la compleja relación que mantenemos con este elemento. Los problemas hidrometeorológicos y la degradación de la calidad del agua son, y continuarán siendo, factores determinantes de la migración climática.
La historia de Curiwarmi nos recuerda que recalibrar nuestra relación con los espacios naturales es un proceso lento que requiere viajar con equipaje ligero y asumir un compromiso permanente para abandonar aquellas actitudes heredadas que nos sitúan erróneamente en el centro del universo.
Gisselle Girón Casas
Curadora de la exposición
