El rastreo es la práctica de seguir un rastro. En las tradiciones de la mesa y las ceremonias de San Pedro, se utiliza para buscar aquello que se ha perdido, olvidado o desplazado. A través de objetos, imágenes y signos, el curandero traza un camino hacia la recuperación y el retorno.
En esta obra, Curiwarmi aparece como una guía a través de la memoria. La imagen proyectada y las formas tejidas crean un espacio donde el conocimiento ancestral puede ser buscado y reactivado. Un hilo negro se extiende desde la figura hacia la galería, convirtiéndose tanto en una línea de conexión como en un gesto de recuerdo.
El hilo traza un pasaje entre la presencia material y la evocación espiritual. Sigue los caminos por los que viaja la memoria, transportando fragmentos de conocimiento heredados a lo largo de generaciones. En lugar de recuperar un pasado fijo, la obra propone el rastreo como un acto continuo de escuchar, recordar y reconectarse con formas ancestrales de saber.
