Este proyecto nace de mi necesidad de comprender y materializar la separación de mi familia como consecuencia de la migración interna, un fenómeno que ha transformado la vida de muchas familias en el Perú.
Crecí junto a mi familia en Contumazá, un pequeño pueblo de la sierra de Cajamarca, donde la vida está marcada por un fuerte sentido de comunidad y pertenencia. Desde temprana edad, las personas participan activamente en la vida colectiva, asumiendo responsabilidades orientadas al bienestar común.
La migración no solo produjo una fragmentación familiar, sino también un proceso de individualización. Frente a ello, surgió mi interés por reconstruir las historias de cada integrante de mi familia y comprender cómo nuestra identidad se ha transformado a lo largo del tiempo, integrando nuevas experiencias y diferencias culturales.
Durante mis últimas visitas, el encuentro con mi familia fue distinto. Por primera vez me acerqué a ellos desde mi rol de fotógrafa, una elección profesional que despertó curiosidad y cuestionamientos. Aun así, me abrieron las puertas de sus hogares y de su intimidad, permitiéndome registrar espacios donde permanecen los afectos y los vínculos que resisten la distancia.
A través de estas fotografías exploro el desarraigo, la memoria y la pertenencia. Al mismo tiempo, construyo un testimonio visual que invita a conocer la intimidad de una familia atravesada por la migración y, con ella, una experiencia que forma parte de la diversidad cultural de mi país.
